Werner Herzog narró otro documental después del de los pingüinos, llamado 'Happy People: A Year in the Taiga'. En el documental, uno de los perros de trabajo de un trampero siberiano corre junto a la moto de nieve del trampero durante más de 150 km a través de la nieve y la noche para llevarlo a casa a tiempo para las celebraciones. Esto no se presenta como algo inútil, sino como devoción, resistencia, lealtad y la dura interdependencia entre humano y animal en un paisaje brutal. Werner Herzog utiliza ambos animales como símbolos, pero apuntan en direcciones opuestas: el pingüino camina solo hacia una extinción sin sentido, el perro corre junto a un humano hacia la supervivencia compartida. Uno encarna el aislamiento y el misterio existencial, el otro la devoción y la conexión. Herzog los coloca en polos opuestos de la existencia: la soledad de estar desconectado versus el significado encontrado en la compañía y el deber.